Tras 12 horas de tren desde Beijing llegué a la parte de China que toca con Mongolia.. Como os podéis imaginar aquí la gente tiene unos rasgos mucho más diferentes que en resto de China. The Grasslands se supone que tenía que ser un paisaje idílico con praderas inmensas de hierba, con sus caballos y sus mongoles en las cabañas.
Y digo eso, se suponía. Porque llegué con un grupo de 9 chinos una japo y yo. Y el lugar no era idílico. Ni se acercaba. Si, era una inmensa pradera que toca con Mongolia pero nada de lo que te venden para convencerte de que vayas. Para empezar hacía un frío al que ya no estoy acostumbrado, dormía en el suelo de una cabaña bajo un millón de mantas para no pasar frío. Y como no todas las mantas llenas de polvo, pelos de caballo y alguna otra forma de vida que no quiero pensar.
Pensé que por lo menos valdría la pena el espectáculo de bailes y canciones que vería por la noche. Pero no fue así y si no mirad algunas de las fotos, qué gracia y salero, qué careto ponen los mongoles que estaban cantando y aplaudiendo. Con esa alegría, nadie se inmutaba después de ninguna de las actuaciones. Ni un aplauso.
Pero lo “mejor” me pasó durante la cena. Ha sido la experiencia más rara desde que empecé el viaje. Mesa redonda. 9 chinos que no hablan ni una palabra de inglés, una japo que chapurrea pero que no abre la boca para nada y yo. Todos compartiendo la cena. Una mesa en la que el centro es de esos que se giran para alcanzar el plato que quieres. Pues ya me veis esperando la comida mientras picaba unos cacahuetes con palillos mientras la gente flipaba de cómo sabía usarlos! (qué finos no? cacahuetes con palillos) Y como aun no habíamos empezado a comer alguno que otro carraspeaba, formaba un buen gargajo y lo escupía al suelo (justo al lado de la silla de donde iba a comer). Algunos con el clásico disparo potente al suelo apuntando a algún lado y algunos otros simplemente separando los labios para dejar caer el pertinente lapo-moco, mientras disfrutaban de la lenta caía del gargajo. Muy agradable pensando en que en breve comeríamos.
Y mientras comían, me iban señalando, hablando y de vez en cuando se reían. Lo único que entendía era España, así que supuse que hablaban de mi. Intenté abstraerme al máximo de la situación y cenar tranquilo. Pero no. No podía ser. De primero sopa. Y claro con cada sorbo de la cuchara (multiplicado por 10 sorbientes), se me iba agotando la paciencia. De segundo platos variados, entre los cuales, como no estaba el-arroz-que-todo-lo-acompaña. Y ver comer a 10 personas con granos de arroz por la cara, masticando con la boca abierta, como si mascaran chicle y dándome un concierto de miles de sonidos diferentes a cada bocado, me estaba alterando un poco. Pero lo peor ya fue con la fruta. Se comían una tajada de sandía con palillos (si, muy finos) y en cada bocado el sorbo correspondiente para evitar que el jugo les cayera por la cara (sin conseguirlo). Y entonces fue cuando me levanté y me piré. Maleducado? quizás si, un poco, pero era inaguantable. De uno en uno aún es soportable. Pero en mi misma mesa y 10 a la vez, sin poder hablar ni nada….
Y lo peor de todo fue que durante toda la comida tenía al graciosillo de turno a mi lado. El típico gracioso que hay en todos los grupos. Y si los chinos para hablar ya usan un volumen muy elevado y como si estuvieran de mala leche, cuando se quieren hacer los graciosos y que todos le escuchen…y literalmente no paraba de gritar a mi oído.
Me hubiera gustado tomar un par de fotos de los personajes o incluso un video para que disfrutaseis como yo del concierto…pero tampoco era plan, aunque seguramente no les hubiera importado.
Y para aquellos que se vean las fotos de mi “pony”, deciros que se volvió loco al montarlo y empezó en plan rodeo americano a dar coces como un poseso y saltos durante casi un eterno minuto. Y yo sin poder controlar al bicho apreté tanto las piernas para no caer que tengo mi pierna fina fina. (y si no mirad la foto y podréis apreciar tanto el morado como mi patita).
De lo que vi, poco que explicar. Una inmensa pradera desierta con alguna cabaña perdida y poco más. Pero la experiencia de la cena con 9 chinos y una japo fue curiosa, eso sí.
2 comentarios:
innnntoleraaaante!
Tienes que aprender en chino "¿Podéis dejar de respirar por favor?"
Publicar un comentario